Señor Primer Ministro, un poco de respeto por uno mismo no viene mal.

Cuando el líder de un país sale a celebrar y a recordar a la gente que en los últimos años Grecia se ha convertido en la tierra prometida, o bien necesita apoyo psiquiátrico, o cree que está hablando ante un público de corderitos, o está siendo moralista donde más probable es que lo sea.
La inflación está en 3,6 ahora mismo, la inmigración en un nivel muy peligroso, la política exterior es nula, la delincuencia está en su punto álgido. Se habla de Tempi, se habla de que la mitad del gabinete actual está siendo controlado.
Lo peor y más preocupante es que, incluso si el gobierno actual dimite, no vemos ninguna esperanza en la oposición, y esto se refleja tanto en las encuestas como en el pasado reciente, donde cada bando se ha apoyado mutuamente cuando ha sido necesario.

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