El planeta al borde de una crisis energética. Cómo la guerra amenaza la fibra óptica en el estrecho de Ormuz.
En una era donde la energía y la información constituyen las dos principales «arterias» del mundo moderno, el estrecho de Ormuz vuelve a ser motivo de preocupación mundial. La tensión geopolítica en la región amenaza no solo el buen funcionamiento de las comunicaciones, sino también algo igualmente crítico: los cables submarinos de fibra óptica que dan soporte a internet a nivel mundial.
El estrecho de Ormuz es uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, por donde transita diariamente aproximadamente el 20% del transporte mundial de petróleo. Sin embargo, más allá de los buques cisterna, bajo la superficie del mar se extiende una red invisible pero vital de cables de fibra óptica que conecta Europa, Oriente Medio y Asia. Los cables submarinos transportan más del 95% del tráfico mundial de internet. A través de ellas pasan las transacciones bancarias, las comunicaciones militares, los datos de las empresas y la actividad digital diaria de miles de millones de personas. Una huelga o un accidente podrían interrumpir las líneas de comunicación críticas y la economía mundial podría sufrir un apagón digital.
No es casualidad que estos cables se consideren ahora infraestructura estratégica equivalente a los gasoductos.
La posibilidad de un declive energético y tecnológico ya no es teórica y provocará una conmoción. Se hace un llamamiento a la comunidad internacional para que proteja la civilización digital, ya que un fallo en un ámbito reducido puede afectar a todo el planeta.
El estrecho de Ormuz no es solo un punto geográfico, es el pulso de la economía global, y si este pulso se interrumpe, las consecuencias serán inmediatas y globales.
