Adonis Georgiadis, quien perdió el filotimo, para poder encontrarlo.

La política no se reduce a números, porcentajes y apariciones televisivas. La política debe, ante todo, tener una dimensión humana, ser capaz de escuchar la angustia del ciudadano, comprender el dolor del enfermo, la inseguridad del trabajador, la desesperación del jubilado. Pero, una vez más, el ridículo individuo ha ofrecido una solución para quienes no pueden irse de vacaciones a las playas gratuitas para nadar. En primer lugar, quienes, con su voto, le dan la libertad de salir y decir una tontería tras otra han perdido el sentido del honor. A quienes le permiten salir en público y mostrar una cara cruel, distante y políticamente cínica.

El señor Georgiadis no respeta a la sociedad, ni es un ministro que esté al lado del pueblo pero en su contra. En lugar de autocrítica, su respuesta es comunicativa, cargada de tensión, ironía y arrogancia.

Cuando un político deja de sentir el pulso de la sociedad, cuando considera que la comunicación es suficiente para ocultar la realidad, entonces se pierde la esencia de la democracia.

El ciudadano no necesita un comentarista de televisión, sino ante todo un ser humano, con responsabilidad, dignidad y empatía.

El filotimo no se enseña en los cargos ministeriales, es un elemento del carácter y ahora creemos que este elemento está completamente ausente en el Sr. Adonis Georgiades.

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